Antes del Cervantino

Escrito por Hugo Granados on . Posted in Eventos Destacados

Antes del Cervantino, los Entremeses cervantinos

 

Que las campanas de San Roque sigan tañendo

el mensaje cervantino por muchos años más

Eugenio Trueba Olivares,

director del Teatro Universitario de Guanajuato

 

Guanajuato arraigó en cada una de sus plazas, foros y callejones el espíritu del Festival Internacional Cervantino, que tiene su corazón en la Plaza San Roque, en el trabajo del Teatro Universitario de Guanajuato y en la obra de Miguel de Cervantes Saavedra.

 

El origen del FIC está ligado directamente con la visión de Enrique Ruelas Espinoza (1913-1987), quien creó un montaje que se convirtió en un hito en la historia escénica de México y sembró una reflexión cervantina desde Latinoamérica.

 

En enero de 1952 cuando Samuel Ramos, director de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ofreció enviar maestros de la Máxima Casa de Estudios a la recién creada Facultad de Filosofía, Letras y Arte Dramático de Guanajuato, uno de los considerados para generar el intercambio académico fue Ruelas, quien había estudiado Derecho en dicha ciudad.

 

Ruelas, originario de Hidalgo, fue un vanguardista que encontró en los textos clásicos, elementos renovadores y de análisis humanístico necesarios para comprender al arte escénico y el mundo. El primer titular del grupo de Teatro Universitario de Guanajuato sacó a la calle a los personajes del Siglo de Oro español, los hizo partícipes de la arquitectura colonial y de la oscuridad del cielo guanajuatense, para crear una propuesta original y viva.

 

El motor de los Entremeses cervantinos fue El retablo de las maravillas, al cual se le unieron dos piezas cortas más: La guarda cuidadosa y Los habladores, las cuales fueron en conjunto estrenadas el 20 de febrero de 1953, en la Plaza de San Roque, con el título: Miguel de Cervantes Saavedra, su mundo imaginario y realidad de su mundo.

 

El periodista Fernando Mota apuntó en Revista de revistas, de Excélsior, que “la magnitud de este espectáculo dramático y de alta cultura, quedará en los anales teatrales de México, como un suceso escénico no igualado hasta ahora en ningún otro país del mundo”.

 

El éxito del experimento escénico no tuvo precedentes, el grupo de Teatro Universitario de Guanajuato, de la mano de Ruelas, continuó su exploración por el teatro fuera de los foros, tal fue el caso de Pasos y El Caballero de Olmedo de Lope de Vega, en la Plaza Mexiamora y en la Exhacienda de San Javier, respectivamente; Estampas del Quijote en la Plazuela del Quijote, en Mineral de Cata, y Dos hombres en la mina, de Ferenc Herczec, escenificada en la mina El nopal.

 

Ruelas continúa siendo una figura fundamental en Guanajuato. El lugar donde comía, en el restaurante Valadez, tiene una foto suya. Los trabajadores del hotel Santa Fe tienen identificada perfectamente la habitación en la que se hospedaba. Su cuerpo descansó, como fue su voluntad, en Guanajuato, sus cenizas reposan actualmente bajo el altar mayor de la Basílica de la ciudad que lo acogió y admiró.

 

El crítico teatral Luis G. Basurto afirmó que Ruelas “fue un hombre que no tuvo enemigos, quien su conducta le hacía prodigar esa amistad, que reclamaba Xavier Villaurrutia, con solidaridad y cordialidad. Se mantuvo siempre con pudor y voluntariamente en penumbra, y nunca pidió aplausos”.

 

Finalmente, el periodista Carlos Ximénez Estrada, quien en la XVIII edición del FIC (1990) recibió el reconocimiento al agregar a la Sala de Prensa su nombre, subrayó: “Así era el maestro Ruelas… enérgico, cuando el caso lo ameritaba, afable cuando tenía que serlo. Paciente y bondadoso con su alumnos. Crítico implacable de los medios de comunicación. Pero siempre un apasionado del teatro”.

 
 
 
 
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